Por Rafael Álvarez y Alexander Marull


Cuando queremos mejorar algún aspecto de nuestra vida, tal como aprender un nuevo idioma, bajar de peso, ahorrar o cualquier otro cambio o mejora, hacemos grandes esfuerzos. Quizás nos va bien al principio, pero, con el paso del tiempo, no logramos las metas y terminamos regresando a nuestra situación inicial.

Cuando buscamos mejorar nuestro bienestar financiero ocurre exactamente lo mismo o incluso peor. Queremos cambiar, pero nos frustramos porque al final del año estamos igual o peor que al comenzar; no generamos más ingresos, no ahorramos lo que nos propusimos, tenemos más deudas o terminamos con un montón de cosas que compramos pero que nunca usamos o no necesitamos en primer lugar.

Las preguntas a respondernos a nosotros mismos son: ¿Por qué no logramos esos cambios? ¿Qué ocurre en nuestro interior que nos impide avanzar?

Existe un aspecto fundamental acerca de nuestra relación con el dinero y con el resto de los aspectos de nuestra vida, que ignoramos y que podría estar saboteando todos nuestros esfuerzos.

Cada uno de nosotros tiene una forma de pensar, sentir y actuar acerca de las cosas que suceden en nuestra vida y eso tiene un impacto profundo en nuestras acciones y sus resultados.

Todo lo que intentamos o dejamos de intentar, logramos o no logramos, tiene su origen en nuestra mente. Cada mente es diferente de acuerdo a cómo fue programada. Los aspectos que tienen impacto en la programación son: las experiencias, la influencia de nuestros padres, familiares, sociedad, medios de comunicación, la religión, interacciones personales y resultados pasados. Toda esa programación forma nuestras creencias, las cuales están almacenadas en lo profundo de nuestro subconsciente.

La mente subconsciente es quien rige nuestra vida, decisiones, emociones, acciones, y por supuesto, nuestros resultados. La misma mente subconsciente que nos permite poder respirar y hacer nuestro corazón latir sin que siquiera tengamos que pensar en ello, es la que nos dice si podemos hacer algo o no, si lo vamos a disfrutar o no, e incluso, si lo vamos a lograr o no. Es el lugar donde nacen todas las emociones que rigen todo lo que hacemos sin que siquiera nos demos cuenta.

Las creencias son los lentes con los cuales vemos el mundo. Por ejemplo, mientras una persona disfruta haciendo una actividad, para otra persona esa misma actividad es un motivo de intenso, e incluso insoportable, miedo y estrés. Aunque la actividad es la misma, es nuestra idea de ella y cuales resultados podemos obtener, lo que dicta si lo vamos a hacer o no, si lo vamos a disfrutar o no e incluso si vamos a ser exitosos o no. Por lo tanto, no podemos afirmar que cierta creencia es buena o mala, sólo podemos medirla de acuerdo a su utilidad para nosotros. Es decir, ¿sirve para alcanzar el objetivo o es un obstáculo para alcanzar el objetivo? Por ejemplo, si eres una de esas personas que quiere ganar un millón de dólares haciendo trading, pero en el fondo (tu subconsciente) tienes la creencia de que no es posible, es muy probable, casi seguro, que tú no lo logres.

Quiero cambiar mis creencias … Excelente pero… ¿Cómo lo hago?

Paso número uno: sin ningún tipo de juicio, anota todas las creencias que tengas acerca del dinero. Si no sabes cómo empezar, te recomiendo el siguiente ejercicio: haz una lista de todos los sueños financieros que tengas. Por ejemplo, ¿cuánto dinero quieres ganar, ahorrar o tener? ¿cuáles deudas quieres pagar? o ¿qué te quieres comprar o tener alcanzando esos sueños? Incluso reflexiona acerca de quién se beneficiará si alcanzas este sueño y hasta toma nota de cómo te sentirás tú, y los tuyos, al lograrlo.

Paso número dos: convierte cada sueño en una meta. Es decir, define monto, fecha y elabora un plan de acción detallado que se convertirá en tu guía a seguir paso a paso.

Paso número tres: finalmente a cada acción colócale las creencias que necesitas tener para lograr dar ese paso. Al lado, coloca cuáles son las creencias que tú tienes en este momento. En este análisis de tus creencias, anota del origen de cada una, y si no lo sabes o no lo recuerdas, anota lo primero que te venga a la mente.

Reflexiona acerca de los sentimientos que tienes, perdona a quienes te han influenciado, y que probablemente lo hicieron con el ánimo de darte las mejores herramientas con lo que conocían y tenían en sus manos, ya que de ahí proviene tu programación. Reconoce que esas creencias no representan lo que tú eres y que pueden ser modificadas.

Ahora tienes una lista de las creencias hecha a la medida para alcanzar lo que quieres.  Para hacer la nueva programación de creencias y fijar esos nuevos patrones, busca modelos que hayan logrado lo que tú quieres lograr. Te garantizo que hay millones de casos exitosos. Ver que otras personas, con circunstancias similares o menos favorables que las tuyas hayan logrado sus metas, es muy poderoso para que tu subconsciente entienda que sí es posible.

Una vez que creas que es posible, enfócate en tener pequeños éxitos ya que eso te dará confianza. Toma de tu lista los cambios pequeños y simples que puedas lograr hoy. Por ejemplo, si dices que quieres ahorrar, que tu plan te diga cuánto tienes que ahorrar hoy y hazlo. No pienses ni razones, sólo hazlo, tomando una acción inmediata. Si eres constante y lo haces todos los días, sin duda lograrás la meta. Como dice el dicho popular, un recorrido de 10.000 kilómetros comienza con un paso.


Rafael Alvarez. Administrador-MBA. Email: Rafael@espacioconvalor.com

Alexander Marull. Especialista en PNL. MBA. Instagram @alex.marull

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