Este artículo no es ni remotamente una crítica contra el capitalismo ni la explotación, tampoco es un estudio social o psicológico, es una simple reflexión sobre lo que somos y cómo podemos sacarle provecho.

Tengo muchos años trabajando en publicidad y no puedo negar que esto me ha ayudado mucho a la hora de entender qué somos y cómo nos ven los demás. Cosa que para ustedes podría ser muy importante.

Antes que nada vamos a imaginar que sí, somos un producto y que nuestro comportamiento del día a día es nuestra manera de publicitarnos, que hacemos estrategias de mercadeo para conquistar a una persona o cliente, y que como cualquier producto tenemos ciclos y que sólo depende de nosotros que permanezcamos o no en el mercado (en nuestro caso, el mercado es nuestro trabajo, pareja, amigos, familia, hijos, etc).

Vamos a empezar a analizar un poquito más.

La persona es  un producto y este producto tiene un nombre, como por ejemplo, Carlos Mendoza (así como existe Nike, Apple o Microsoft). Hay nombres y apellidos  que contribuyen a que la percepción inicial del producto pueda cambiar.  Los nombres comunes: Carlos, Pedro, María, Luisa, no influyen drásticamente en la apreciación del producto, sin embargo los menos comunes pueden indicar un poco más sobre el origen de la persona, pudiendo afectarla positiva o negativamente. Igual sucede con los apellidos.

Así que, sale este producto llamado Carlos Mendoza al mercado, y está metido en un empaque: su cuerpo, forma de vestir y hablar.

El cuerpo es lo primero que habla y dependiendo el mercado meta, la percepción puede ser positiva o no. Algunos pensarán que el ser gordo habla de una persona ansiosa e impulsiva, que no puede cuidarse a sí misma, y que es poco fiable. Otros lo verán como alguien amigable, que le gusta expresar al máximo sus pasiones y con quien se puede pasar un buen rato.

Lo mismo podría pensarse con las personas delgadas: si son muy musculosas se podrían leer como personas rígidas, con poca iniciativa de experimentar algunos placeres y posiblemente muy egocéntricas.  Como les dije, todo depende del mercado meta.

Sin embargo, los estándares de mercado aprueban más a la persona flaca, así que, el producto Gordo debe esforzarse más para encajar.

Ahora hablemos de la forma de vestir. La vestimenta puede hablar del precio del producto, ¿es un producto caro o barato? No sé si les ha pasado, pero a veces ven a una chica, vestida de punta en blanco, con una cartera súper cara, seguramente seria y te dices a ti mismo: “debe ser muy difícil de conquistar”, eso sucede igual al ver una tienda muy cara, si no tienes el dinero, seguramente no entras. La vestimenta dice mucho de la accesibilidad de la persona.

Al mismo tiempo es el mejor accesorio del empaque. Así como las computadores Mac vienen en una caja increíble que hace que el consumidor sienta que compró un producto hecho por los dioses (a pesar que la competencia pueda tener mejores productos), una buena vestimenta  en un cuerpo no aceptado por el mercado, podría cambiar drásticamente la percepción del consumidor.  Por ejemplo si es muy gordo pero bien vestido, se podría asociar como un tipo exitoso. Igual, si la mujer no es del todo agraciada, pero se viste increíble, puede cambiar drásticamente la percepción de las personas.

El habla, es muy importante. Con esto se establece la naturaleza verdadera del producto. La forma de hablar, los acentos o modismos, pueden darle al producto un toque de prestigio o de informalidad. Es la diferencia entre cómo se comunica un Whiskey etiqueta azul o un ron, en fin, la forma de hablar define el mercado al que perteneces, por lo tanto es la puerta para entrar al mercado que quieras. Simplemente hay que saber qué decir y cómo decirlo.

De igual manera, el contenido de lo que la persona puede decir establece qué tan duradero puede ser el producto. Define si te compraste un producto de moda o  uno para toda la vida. En pocas palabras si es un socio o un Joint venture.

El agradar a la gente a través del habla, que seas relajado y simpático, tengas contenido y seas respetuoso, establece vínculos emocionales con el producto.  Las personas quieren pasar tiempo contigo, te tienen confianza, en fin, eres una marca Carismática.  El reto es cómo hacer que este carisma permanezca en el tiempo.

Primera parte de la publicación “Somos un Producto” de nuestra colaboradora April Itriago. En los próximos días realizaremos la segunda entrega de éste artículo. ¿Qué te ha parecido? Déjanos tus comentarios.


April Itriago Trujillo. Ha trabajado como creativo publicitario en Leo Burnett, JWT, JMC Y&R y Publicis Venezuela.  Actualmente es Director General de Brother Caracas, Escuela de Creativos y profesora de Comunicaciones Integradas en la Universidad Metropolitana. @aprilitriago @brothercaracas april@brothercaracas.com